Alemania lleva tiempo inmersa en la ardua tarea de hacer frente a los ambiciosos objetivos climáticos, pero sin que la transición energética provoque problemas de suministro o costes tan elevados que perjudiquen a la industria del país. El gobierno de coalición del canciller alemán, Friedrich Merz, formado entre conservadores y socialdemócratas, quiere aliviar la carga de las empresas con un alto consumo energético mediante un precio de la electricidad industrial más barato y subvencionado por el Estado, para hacer frente así a las consecuencias del apagón nuclear y evitar lastrar aún más a las empresas afectadas ya por los aranceles estadounidenses y los elevados costes laborales.
